No
hay un planeta de recambio. Sea por la presión
legislativa, sea por propio convencimiento, durante
la última década todas las instancias
empresariales del sector han procurado mitigar los
efectos perniciosos de su actividad productiva sobre
el medio natural. De hecho, cada vez es más
frecuente la decisión de integrar el medio
ambiente entre las áreas de gestión
empresarial de los constructores de vehículos,
fabricantes de componentes, distribuidores y talleres.
Y aunque crece el número de empresas que
consiguen acreditar su Sistema de Gestión
Medioambiental según la normativa internacional
ISO 14.001, las auditorías medioambientales
efectuadas periódicamente por la Administración
ponen de manifiesto que aún queda mucho por
hacer.
Desde
el momento mismo de su aparición el automóvil
ha sido sinónimo de progreso pero también
una de las máquinas ideadas por el hombre
que más ha dañado el entorno natural.
Precisamente por ello, la industria del automóvil
ha sido pionera en el desarrollo de tecnologías
respetuosas con el medio ambiente y en la implantación
de procesos de reciclaje que sitúan al vehículo
como el producto industrial complejo con una mayor
tasa de reutilización. Esta preocupación
medioambiental es compartida actualmente por constructores
de vehículos, fabricantes, distribuidores
y talleres.
Acaso
haya que atribuir buena parte de esta preocupación
al interés de la Unión Europea por
acometer los problemas medioambientales que genera
el vehículo tanto en su proceso de producción
-debido a la actividad industrial del constructor
y los fabricantes de componentes- como durante su
vida útil -generadora de residuos y emisiones
atmosféricas nocivas- o cuando finalmente
el automóvil es apartado de la circulación
-convirtiéndose en un 'contaminante estático'
depositario de residuos peligrosos-.
Los desvelos medioambientales de la Unión
Europea se han concretado en diversas prescripciones
sobre reducción de las emisiones de gases
y ruidos a la atmósfera y en una directiva
sobre vehículos fuera de uso recientemente
aprobada que postula la creación de sistemas
de recogida, tratamiento y valorización de
los vehículos fuera de circulación.
Actividad
industrial del fabricante de componentes
Determinar
qué fue antes, si la concienciación
medioambiental de los fabricantes de componentes
o el temor a las sanciones previstas por una legislación
basada en el principio de 'quien contamina paga',
es quizá un empeño tan controvertido
como huero. Lo relevante es que en los últimos
años los productores españoles de
componentes han realizado un considerable esfuerzo
por limitar el impacto de sus procesos productivos
sobre el medio ambiente eliminando incluso de la
formulación de sus productos materiales altamente
contaminantes como el plomo y el amianto. Y hay
que tener en cuenta que no siempre las medidas orientadas
a la 'gestión ecológica de la empresa'
son rentables a corto y medio plazo.
De
hecho, las experiencias registradas en nuestro sector
permiten colegir que la gestión medioambiental
de una empresa industrial exige considerables inversiones
y sólo es viable si media un firme compromiso
de todo el colectivo humano que la compone y especialmente,
por ser responsable de la toma de decisiones, de
la persona que detenta el mando o gerencia de la
misma. El primer beneficio de la 'gestión
ecológica' residiría específicamente
ahí, en la cohesión de todas las personas
de la organización en torno a un 'principio
de responsabilidad social de la empresa': el respeto
al medio ambiente. Y eso es cultura empresarial
compartida porque permite orientar las energías
de todos los trabajadores en un mismo sentido.
Iso
14001, garantía de calidad ecológica
La
implantación de un Sistema de Gestión
Medioambiental y su certificación de acuerdo
a la norma internacional ISO 14.001 es por excelencia
la manera en que la industria de componentes formaliza
su compromiso con el medio ambiente. La razón
reside en que la ISO 14.001 recoge las especificaciones
y directrices internacionalmente reconocidas para
la implantación de un Sistema de Gestión
Medioambiental efectivo y solvente tanto ecológica
como económicamente. En la actualidad, ninguna
empresa del sector puede ignorar los efectos que
sus actividades tienen sobre el medio natural porque
de una forma u otra su comportamiento medioambiental
repercutirá en la marcha del negocio: bien
a través de leyes rigurosas o bien mediante
las exigencias ecológicas de sus clientes
que ya han comenzado a valorar el respeto al medio
ambiente de los productos como un criterio de decisión
de compra.
La
implantación de procesos productivos respetuosos
con el entorno lejos de ser una carga constituye
una inversión que proporciona apreciables
ventajas competitivas: puede reducir significativamente
el consumo de energía y de materias primas;
mejora el proceso productivo minimizando residuos
y gastos; evita los altos costes en seguros y multas
asociados a los daños que se ocasionan al
medio ambiente; y reduce los costes de transporte,
almacenamiento y embalaje. Por añadidura,
contar con un Sistema de Gestión Medioambiental
debidamente certificado permite mejorar las relaciones
de la empresa con todos los actores sociales con
los que interactúa: empleados, clientes,
inversores, aseguradoras, líderes de opinión,
medios de comunicación, autoridades locales,
legisladores y grupos ecologistas. Llegamos de este
modo a la conclusión de que la gestión
medioambiental es un importante activo de imagen
pública de la empresa y una potente herramienta
de motivación del personal.
Responsabilidad
del distribuidor de recambios
Al
contrario de lo que ocurre en el caso de fabricantes
y talleres, la actividad del distribuidor tiene
que ver más con el comercio que con la industria
aunque eso no significa que el recambista no tenga
también una importante responsabilidad medioambiental.
En primer lugar, porque su actividad comercial produce
gran cantidad de residuos procedentes de embajales
que han de ser gestionados adecuadamente. De hecho,
esta fue una de las preocupaciones del sector recambista
al comienzo de los años 90 cuando todavía
estaba por uniformizarse la legislación europea
sobre la recuperación de embalajes.
Pero
la responsabilidad medioambiental del recambista
no termina ahí. Cabría referir también
otros aspectos relacionados tanto con la inclusión
en su oferta de producto de artículos más
o menos agresivos con el entorno, como con su preocupación
por el destino final de las baterías, aceites,
filtros o zapatas que despacha al taller cuando,
tras finalizar su periodo de vida útil, se
transforman en residuos altamente contaminantes.
Gestión
medioambiental del taller
El
impacto ecológico de las actividades que
realiza un taller dependerá en buena medida
de su especialidad. No obstante, podríamos
identificar cuatro grandes focos de contaminación
comunes a todos los establecimientos reparadores:
emisiones a la atmósfera, aguas residuales,
ruidos y vibraciones, y residuos sólidos.
En
el pasado las emisiones de gases y ruidos a la atmósfera
constituían un grave problema en zonas urbanas
porque los talleres restaban calidad de vida a los
vecinos que habitaban los inmuebles colindantes.
Igualmente grave era el vertido incontrolado de
aguas residuales y residuos sólidos altamente
contaminantes a través, respectivamente,
de las redes de alcantarillado y los contenedores
de basura municipales; en zonas rurales estos vertidos
tenían un efecto devastador sobre los campos.
En
la actualidad, un establecimiento adecuadamente
equipado consigue importantes niveles de insonorización,
dispone de eficaces sistemas de filtrado de gases
y maquinaria 'ecológica' como compresores
insonorizados, recuperadores de disolventes, reductores
de volumen de residuos, etc
Además,
tiene a su disposición materias primas respetuosas
con el entorno como las pinturas al agua, los gases
de refrigeración libres de CFC's, etc
La evolución de la tecnología, de
los productos y la adquisición de nuevos
hábitos por parte de los profesionales ha
propiciado que se pueda calificar la reparación
de vehículos como una actividad razonablemente
respetuosa con el medio ambiente.
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