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Es sobrina del dueño del establecimiento
Por Redacción Autoprofesional - 08/02/2010
Lo cuenta el diario ABC. La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado tanto a Ramón G.D., como a su hija, Julia G.B., a seis meses de prisión y a indemnizar con más de 32.000 euros a María Teresa B.G., sobrina y prima de ambos acusados, respectivamente, por un delito contra la integridad moral.
Más allá de la pena impuesta por la Sección Decimosexta de la Audiencia Provincial, la sentencia recoge una serie de hechos que rozan lo esperpéntico y la degradante situación por la que pasó María Teresa durante varios años. La audacia de la demandante le llevó incluso a grabar algunos de los insultos y calificaciones que recibía de sus jefes, lo que ha agravado aún más la sentencia impuesta por el tribunal.
Los hechos se remontan a hace 15 años, cuando María Teresa comenzó a trabajar en el concesionario Renault que los acusados regentaban en la localidad de Collado Villalba. Después de solicitar repetidamente a sus jefes una concreción de los horarios de trabajo o los turnos de vacaciones, y tras no obtener respuesta alguna, en 2002 acudió a Inspección de Trabajo para denunciar los hechos.
Esa denuncia provocó que comenzaran los insultos hacia María Teresa, con frases como "jodida fea, te machaco... tienes la cabeza loca, te trituro, te vas sin paro y sin papeles, y encima juicio, eres tonta". Finalmente, la despidió con el argumento de que había utilizado una tarjeta de crédito de la empresa en una gasolinera, para uso propio, un hecho que quedó sobreseído por la Justicia posteriormente. La víctima sí que ganó el juicio laboral celebrado en 2003, por el que se obligaba a la empresa a readmitirla, fijando un salario mensual de 986 euros.
Sin embargo, la reincorporación de María Teresa a su puesto de trabajo no fue, ni mucho menos, ideal. Sus jefes, y a la vez familiares, la confinaron a un local pequeño, sin ventilación, donde realizaba labores inútiles. Lo peor de todo es que le obligaban a mantener abierta una puerta que se comunicaba con el taller del concesionario, y tenía que tragar todos los humos de los vehículos en reparación.
En esa época, volvieron las vejaciones. La víctima llegó a grabar algunas de estas conversaciones, que han sido valoradas por el Tribunal como prueba fundamental para probar la coacción que ha sufrido durante tantos años por parte de sus propios familiares.
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