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El
valor de las promociones
Los
regalos promocionales, genéricamente, tienen como finalidad
impulsar las ventas de uno o varios productos o familia de productos,
gracias a la seducción que provoca el regalo en el cliente,
incrementando las compras en el periodo de duración de la
promoción y aumentando la cifra de compra al proveedor. Una
promoción debe tener siempre en cuenta la regla de oro: la
diferencia entre el valor percibido por el cliente y el valor real
del artículo promocional, imputando a éste el coste
de la campaña.
En
la percepción de ese diferencial y en la selección
del artículo promocional radica la mayor parte del éxito
de la promoción, sin olvidar la necesidad de una eficaz labor
de comunicación de la campaña a los clientes: Creación
de la campaña y selección de los artículos,
elección de los mensajes y soportes para que lleguen rápida
y nítidamente, etc. La puesta en escena de una campaña
permite a la empresa proveedora (sea una tienda de recambios, un
gran mayorista, una comercial importadora o un fabricante) marcar
la diferencia con la competencia, al menos durante el periodo promocional.
El regalo, siempre dando por hecho que hemos acertado a nivel de
calidad y utilidad, será un soporte eficaz que permitirá
recordar a nuestro cliente, siempre que use o contemple ese artículo,
no sólo que existimos sino que, además, generamos
ideas y valor. En definitiva que está apostando por un proveedor
dinámico y competitivo.
La
campaña provocará que la fuerza de ventas, sea ésta
interna o externa, pueda centrar el motivo de la visita, la presentación
y argumentación del producto en promoción, motivando
a los comerciales para que efectúen nuevas visitas y contactos,
consiguiendo la incorporación de nuevas cuentas de clientes
que, probablemente, también lo serán en el futuro
al finalizar la campaña.
Los
expertos en marketing promocional desaconsejan efectuar, para un
mismo artículo o familia, más de tres campañas
anuales. El abuso en el número de ellas desincentiva al comprador,
al tener claro éste que también podrá acogerse
a próximas promociones. El periodo de duración ideal
es de uno a dos meses. Si el periodo promocional es más largo,
los clientes pueden concentrar las compras en los días finales,
pudiendo provocar situaciones de alteración en la tasa de
servicio. Se aconseja extender la campaña un tiempo prudencial
adicional a la duración teórica anunciada, a fin de
evitar situaciones de tensión con algunos clientes que bien
pudieran provocar un efecto contrario al deseado.
Históricamente, en nuestro sector, se han promocionado casi
todo tipo de artículos: Buzos, relojes caros y baratos, bolsas
de deporte, polos, chaquetas, botellas de vino y de cava, herramientas
para el taller, etc, sin olvidar los viajes de promoción,
fórmula perfectamente válida para pasar unos buenos
momentos de convivencia con clientes, y/o proveedores, generalmente
en tierras exóticas y paraísos tropicales. Pero de
este tema ya trataremos en profundidad en otro artículo.
Javier
Merodio
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