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Cuidado
con los impagados
La
anómala evolución del mercado, con muchas familias
de productos registrando caídas en sus ventas, hace que tengamos
que ser cautelosos no sólo en las decisiones estratégicas
de incorporación de nuevos renglones, sino en determinar
cuánto y a quién vendemos.
Las
últimas suspensiones de pagos registradas, alguna de ellas
tratada con gran profusión en los medios de comunicación,
ponen de relieve que incluso importantes multinacionales pueden
ser también damnificadas, convirtiendo un ejercicio brillante
en una etapa onerosa.
Desgraciadamente
la deuda, pufo, cañón, impagado o incidencia -éste
último término eufemístico- provoca aún
mayor desolación si el afectado es una pequeña empresa
privada, desprovista de fondos que puedan amortiguar la situación.
Las tiendas de recambios están expuestas a continuas situaciones
generadoras de impagados, ya que gran parte de las ventas se efectúan
a crédito, por lo que cuando se detecta un impagado (de un
taller a una tienda o de una tienda a otra tienda), éste
puede representar ya una deuda importante al acumularse las compras
de uno o dos meses.
No conozco ningún empresario profesional del recambio que
a lo largo de su trayectoria no haya experimentado en carne propia
la sensación de rabia e impotencia que produce un pufo. Esa
desazón se agrava cuando, como ocurre a veces, se puede contemplar
al moroso paseando en coches de lujo o, simplemente, al frente de
otro negocio en el mismo sector, pero ahora a nombre de su mujer,
hija o un primo segundo del pueblo. El pufista nuevamente contará
con otros proveedores incautos que, probablemente, serán
serios aspirantes a futuros acreedores. La experiencia nos dicta
que el que la arma una vez, si puede, la vuelve a armar.
Todo
esto en un país donde es anticonstitucional difundir listas
de morosos y donde algunos proveedores no dudan en vender a tal
o cual tienda de recambios o taller, a sabiendas que esa empresa
mantiene importantes deudas con la competencia.
En
honor a la verdad habría que hacer una diferenciación
entre quienes sufren puntualmente una situación de liquidez,
viéndose obligados a retrasar los pagos a aquellos otros
-afortunadamente los menos- que son maestros en la configuración
de fraudes. Primero se ganan la confianza del proveedor, son abiertos
e incluso simpáticos y siempre pagan las primeras facturas,
generalmente de pequeño importe. La única vacuna contra
la deuda es estar activamente en el mercado y desplegar todos los
sensores que nos confirmen la buena salud de la economía
del cliente: Si dispone desde hace tiempo de distribuciones importantes,
su personal es competente y estable, sus proveedores básicamente
también, si el negocio muestra una tendencia comercial estable
o al alza, si, en el caso de una tienda, suenan frecuentemente los
teléfonos y los vehículos de reparto muestran actividad
y, en el caso de un taller, si tiene el recinto de trabajo lleno
de coches y se aprecia rotación en las reparaciones.
Conviene
canalizar si el taller es una empresa dinámica y con iniciativa
que sabe adaptarse a cada momento a los condicionantes del mercado,
crea sus propias ofertas y promociones y si se actualiza en políticas
de equipamiento del taller, maquinaria e instalaciones, así
como si existe también una inquietud por la formación
en todos los aspectos técnicos y de marketing.
Javier
Merodio
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