|
<
Otros artículos de opinión
>
Motortec
2001, ilustres ausencias
La
decisión estratégica por parte de, al menos, dos importantes
multinacionales fabricantes de piezas de automoción de anular
su participación como expositores en Motortec es un tema
que se está debatiendo con profusión dentro de nuestro
sector.
El
que una empresa cause baja en cualquier certamen no es ninguna novedad.
En todas las ediciones se generan renuncias de última hora,
a causa de diversos factores (recuerdo algunos casos en que el motivo
fue el propio cierre de la empresa), pero en el caso de Motortec,
cualquier anulación es rápidamente repuesta y compensada
por las numerosas empresas aspirantes a expositores que sí
quieren apostar por la feria madrileña, actualmente dentro
de las tres primeras de Europa (y la primera en crecimiento y proyección).
Sin embargo cuando las ausentes son empresas líderes de ventas
en varios renglones y productos, conformando en ediciones anteriores
impresionantes diseños y atractivas puestas en escena de
sus stands, capitalizando cientos de visitas de cientos de clientes
y visitantes procedentes del exterior, cualquier analista del sector
no puede sino sorprenderse y lamentar la espantada.
¿Se
imaginan una liga de fútbol sin la concurrencia del Real
Madrid ó el Barça?, ¿O una feria de Sevilla
sin Ponce ó El Juli?
Soplan
vientos de crisis y, evidentemente, cada organización implanta
las medidas de austeridad que considera más correctas. Pero
escuchando diversas opiniones de profesionales del sector, algunos
clientes significativos de las empresas ausentes, se podría
llegar a pensar que, quizás, quienes hayan decidido plegar
velas no han reflexionado a fondo sobre los efectos perniciosos
de esa medida sobre sus clientes.
Romper
una línea de presencia y contacto con la clientela, mantenida
desde el primer al último Motortec, puede desmoralizar a
los componentes de la plantilla de la empresa y generar una situación
de desamparo a los propios clientes (además de correr el
riesgo de que visiten y formen parte del ambiente de los stands
de la competencia, con los peligros comerciales que ello conlleva).
Hay quien ve en ello una decisión tomada a muchos kilómetros
de aquí, quizás sin consultar ó escuchar lo
suficiente a las personas responsables del Mercado Nacional. Otros
no creen que, finalmente, se lleve a cabo la anulación confiando
en una marcha atrás de última hora.
Rectificar
es de sabios y pretender ahorrar unos millones a la compañía,
a costa de empañar la imagen de esa compañía
con el estamento fundamental del negocio (los clientes), ser objeto
de todo tipo de comentarios y especulaciones (dentro de un sector
en el que la discreción suele brillar por su ausencia) y
desmoralizar a la propia fuerza de ventas es querer, como reza el
dicho, ahorrar en el chocolate del loro.
Javier
Merodio
<
Otros artículos de opinión
>
|