|
<
Otros artículos de opinión
>
El
negocio del "tuning"
El
pasado verano tuve la ocasión de coincidir con la hora de
cierre de una macrodiscoteca de la costa levantina y con la posterior
salida de decenas de coches ocupados por jóvenes de entre
18 y 30 años. Mientras la tranquilidad de la madrugada quedó
rasgada por todo tipo de ruidos, berridos, bocinazos y demás
sonidos infernales procedentes de los bafles al máximo volumen,
en medio de tanta bulla y ya con el sueño quebrado, me dediqué
a analizar, -quizás deformación profesional-, el tipo
de vehículos que componían el tremendo atasco que
se formó delante de mi balcón, a sólo cuatro
metros de la carretera.
Solamente
uno de cada cinco vehículos circulaba con el estricto equipo
de fábrica y sin modificaciones aparentes, al menos en lo
que se refiere a accesorios o carrocería. El resto, o sea
cuatro de cada cinco coches, iban "tunados", nueva acepción
acuñada a partir de la aparición del fenómeno
del "Tuning" y que, como ya es conocido en nuestro sector,
consiste en la incorporación de una serie de accesorios que
personaliza el coche, con la pretensión de conferirle un
carácter más racing.
La
amplia variedad de piezas que forman el manual del mundo del "Tuning"
es impresionante: desde lo que no se ve desde fuera, como una centralita
optimizada, líneas de escape específicas, embragues
cerámicos, barras de torsiones, discos y pastillas de freno
especiales o latiguillos metálicos, hasta todo tipo de modificaciones
como nuevas ópticas, rejillas, alerones, spoilers, calandras
o tapones de gasolina tipo aviación. Tampoco pueden faltar
unas buenas llantas de diseño o unas taloneras de aluminio.
La suspensión contará con unos muelles que rebajen
la altura y con unos amortiguadores adecuados. Las alfombrillas,
o bien de colores chillones o bien directamente metálicas,
como el kit de pedales. Los pomos de la palanca de cambios siempre
a juego con el fuelle, todo ello en consonancia con un imponente
volante deportivo. El capó habrá de llevar entradas
especiales de aire y los cristales, cómo no, tintados (aunque
sea ilegal). La cola de escape cuanto más gorda, mejor, aunque
tengamos que cortar para ello parte del parachoques y hagamos alucinar,
en su momento, al ingeniero de la ITV. Las últimas tendencias
señalan la preferencia por colas que, además de vistosas,
cambian el sonido del coche.
El
"Tuning" está siendo para todas aquellas tiendas
de recambio que han sabido introyectar el nuevo filón, un
excelente negocio. Primero, porque es un mercado que continúa
en expansión, al menos para una parte importante de la gente
joven. Segundo, porque cada coche "tunado" constituye
una inversión progresiva en su preparación, que alcanza
cifras muy importantes. Tercero, porque el profesional del recambio
se sale de la aspiración del canal clásico y puede
vender directamente al consumidor final, sin sentirse presionado
por sus clientes habituales, los talleres. Y, finalmente, cuarto
porque son productos que se compran impulsivamente y permiten un
buen margen comercial.
Javier
Merodio
<
Otros artículos de opinión
>
|