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Dentro de cien años...
(Un relato de anticipacion)

Octubre de 2101. Una fina lluvia cae sobre Madrid. Mario contempla las todavía incipientes luces de un nuevo día, mientras transita por la nueva ruta M-80 A con su recién comprada furgoneta, impecablemente rotulada con los colores de su empresa. Mientras, un centenar de metros más abajo, en la M-80 a ras de tierra, los vehículos terrestres circulan en perfecta coordinación y sin interrupción por el sexto anillo de la megalópolis. Aquellos atascos que ilustraban las crónicas del siglo pasado, y que todavía recuerda el abuelo de Mario, ya son historia. Ahora, la mayor parte del tránsito surca el cielo. El resto, coches populares, antiguos y algún que otro nostálgico, continúan utilizando las antiguas autopistas y carreteras. Los ordenadores de a bordo, conectados permanentemente a la central de tráfico, regulan y optimizan la circulación en función de todas las variables inimaginables.

Los accidentes de tráfico son también una realidad pasada. Los múltiples sensores electrónicos existentes, disponibles incluso en los vehículos más bajos de gama, impedirían, aún a propósito, una salida de calzada o una colisión. Atrás quedan también la sangría de vidas humanas y heridos de épocas pretéritas y el dolor y coste social que conllevaba. Las ambulancias no tienen más trabajo que atender a las personas indispuestas en ruta. La disminución de los siniestros provocó una reconversión paulatina de las tiendas de recambio especializadas en la venta de chapa. La mayoría de ellas superaron sin traumas la nueva situación orientando el negocio hacia otros renglones. Como el negocio de Mario, una de las empresas más pujantes en la comercialización de recambios para vehículos aeroterrestres, la especialidad más dinámica de este nuevo siglo.

Mario enfila camino del sur; es la ruta fija de los jueves. A las diez, desayuno en Valdepeñas con Pedro, un buen cliente y amigo. En el bar recordarán aquellos tiempos en que el viaje y la visita personal producían pedidos. Hoy, con ambos negocios conectados informáticamente, cada venta es registrada por el proveedor en tiempo real, generándose automáticamente el pedido. Al filo de las doce y media divisa la ciudad de Jaén. Tiempo exacto para reunirse con su distribuidor en plaza, comer con él y, por tarde, explicar a sus vendedores la nueva campaña de otoño de Electrochips. Mientras otras empresas de la competencia apuestan por presentaciones comerciales virtuales por internet, la de Mario se decanta por acciones mixtas, pero dando prioridad a la visita y al contacto personal.

De vuelta a Madrid, ya de noche, Mario piensa en como serán las tiendas de recambios dentro de 100 años, en el 2201...

Javier Merodio

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