|
<
Otros artículos de opinión
>
Secretos
Públicos
La
información es poder. La custodia de los datos confidenciales
de las empresas, -y más concretamente aquellos relativos
a clientes, proveedores, productos, condiciones de compra y de venta,
márgenes, etc, etc-, no siempre se realiza de forma correcta.
Tal es así que, en ocasiones, y a través de terceras
personas, esa información acaba en el despacho del director
gerente de la competencia.
Existen
tantas formas de espionaje comercial entre empresas que podríamos
llenar todas las páginas de un catálogo de silenciosos...y
aún nos contarían nuestros lectores mil sistemas más.
El hecho que se repite con mayor frecuencia es la contratación,
a base de talonario, de un vendedor del más directo competidor.
El colaborador no sólo intentará desplazar las principales
cuentas a su nueva casa, sino que es posible que desembarque con
ciertos datos de su empresa anterior que, una vez analizados, generarán
una ofensiva comercial con el resultado cierto de pérdida
de márgenes para todos los implicados en la batalla y el
regocijo íntimo de quienes se favorecen de esas hostilidades,
o sea, los clientes de ambas empresas.
Otros
sistemas de conseguir información parecen sacados de películas
cutres de espías. Un vehículo camuflado con una persona
dentro se instala frente a una tienda de recambios. A lo largo de
dos jornadas completas el sujeto controla todos los movimientos
generados por el negocio (que clientes acuden, cuántas furgonetas
salen, qué material vende, etc). Pero el controlador fue
descubierto y los movimientos de la tarde y del segundo día,
-muchos de ellos ficticios-, seguro que desviaron de la realidad
el correspondiente informe del mirón.
Un
importante empresario del sector tenía como afición
la de analizar el contenido de los maletines y portafolios de cualquiera
que osara visitar su empresa. Mientras convencía al personaje
de turno (directores comerciales, jefes de venta, delegados, etc,
etc) para ir a almorzar a un bar, naturalmente lejos de la tienda,
y entretenía en animosa charla a su interlocutor, sus empleados
echaban un vistazo a los documentos del maletín, fotocopiando
todos aquellos que pudieran tener interés para su jefe: En
el TOP de los hallazgos estaban los listados de ventas por clientes
y los listados de condiciones, parámetros que le permitían
conocer su importancia dentro de la empresa proveedora y la de sus
competidores, así como conocer de manera directa si sus condiciones
de compra eran mejores. Y mientras el incauto proveedor finalmente
también acababa pagando el exquisito almuerzo, sus documentos
secretos y confidenciales se hacían públicos...
Javier
Merodio
<
Otros artículos de opinión
>
|