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Argumento
de venta
Para la Real
Academia Española el verbo vender significa “Traspasar
a otro, por el precio convenido, la propiedad de lo que uno posee”.
El mismo diccionario define a cliente como “persona que compra
en un establecimiento o utiliza sus servicios”. Ambas palabras,
procedentes del latín (vendere y cliensentis) nos llevan
directamente al sentido del término comercio (commercium),
“Negociación que se hace comprando y vendiendo o permutando
géneros o mercancías”. Valga éste exordio
para centrar el título del artículo, palabra que se
explica en cualquier curso o cursillo de venta y que no es del todo
desconocida para los equipos comerciales de las empresas. Las empresas
de Recambio, aunque venden productos, son vendedoras también
de servicios, siendo éste último capítulo el
que marca la diferencia entre unas y otras. Cualquier empresa puede
conseguir, vía grupo, mayorista o directamente del fabricante,
casi todas las marcas que concurren al mercado. El tratamiento logístico,
la información técnica, la localización de
productos, el asesoramiento comercial o la tramitación y
resolución de incidencias o garantías son sólo
cinco de las decenas de aspectos que enmarcan nuestras empresas
en el sector servicios. Por eso el principal argumento de venta
debería ser nuestra propia empresa. Si el cliente confía
en nosotros trasladará esa confianza al producto que le ofrezcamos,
porque la credibilidad de la organización ya está
acreditada. Los argumentos de venta suelen incidir más en
las características de los productos y los vendedores conocen
las ventajas que en teoría existen sobre productos similares
de otras marcas, cuando el elemento diferencial, si realmente existe,
es el servicio. Busquemos todos aquellos aspectos que podamos ofrecer
o que podamos destacar por encima de la competencia y hagamos de
ello argumento de venta: Mayor cobertura de gama, rapidez en el
servicio, sinergia de productos complementarios, agilidad administrativa,
trato preferente y exquisito, amplitud de horario de atención
al cliente, inversión en formación y cursos a clientes,
instalaciones adecuadas, etc. etc. Tampoco viene mal un ejercicio
de empatía para saber qué demanda o qué no
quiere nuestro cliente el taller. Ellos, igual que nosotros, lo
último que desean son los problemas. Por eso, si nos eligen
como proveedores preferentes (se acabó eso de exclusivos,
que siempre habrá otros) y homologan nuestros servicios,
tendremos la mejor vacuna frente a lo que, con frecuencia, sucede:
Que aparezca otra empresa con el mismo producto ofreciendo un precio
más bajo.
Javier
Merodio
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