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Made
in China
El
incremento de piezas de recambio de origen asiático y, más
concretamente chino, es una realidad que gana, día a día,
cuota de mercado en el conjunto de la postventa en España.
Y es que China, el país más poblado de la tierra (1.250
millones de habitantes) y donde los indicadores económicos
presentan crecimientos de dos dígitos, estará, sin
duda alguna en los próximos años, entre las principales
potencias industriales del planeta.
El
gigante amarillo lleva ya liderando, desde hace más de una
década, campos como el del regalo (segmentos medio/bajo y
bajo), aunque la comercialización continúa de la mano
de importadores europeos, alemanes y holandeses en su mayoría.
Por
lo que respecta a nuestro sector y ciñéndonos al accesorio
puro y duro en su vertiente económica, las piezas allí
fabricadas están fuertemente implantadas, aunque son las
propias empresas importadoras, las que confieren al producto valor
añadido, presentándolos en envases atractivos, insertándolos
en catálogos y ofreciendo a sus clientes una logística
de servicio.
En
cuanto al recambio “Made in China”, también cotiza
al alza, gracias a la apuesta, por parte de empresas occidentales,
por instalar plantas productivas en aquel país, ofreciendo
en sus fabricados estándares de calidad similares a los de
las fábricas ubicadas en Europa. Seguro que nos sorprendería
la cantidad de piezas de las marcas líderes que han sido
fabricadas en China.
Sin
embargo, no todas las piezas que nos llegan de ese lejano país,
a unos precios agresivos y generalmente importadas directamente
por una comercial, pueden equipararse en calidad al promedio europeo.
Los importadores no disponen de los medios de control de calidad
de los fabricantes multinacionales. La calidad, en estos casos,
puede ser o buena, o pésima, pocas veces constante y frecuentemente
con altibajos, complicando aún más el panorama el
que el proveedor se encuentre a muchos kilómetros de Madrid,
Barcelona o Valencia de cara a responder ante una hipotética
rotura de stock (el tiempo de reacción suele ser mínimo
de dos meses), o a atender reclamaciones (fallos en garantía,
incidencias en el transporte, etc). Porque la mercancía ya
habrá sido abonada antes de recibirla, dejando poco margen
de reacción. En honor a la verdad existen también
allí empresas de seriedad contrastada, pero también
hay gran número de “pequeñas organizaciones
industriales” que contemplan las relaciones comerciales a
corto plazo, a veces a una sola operación, embaucando al
nuevo importador de turno, después de enviarle unas muestras
con la suficiente calidad, en una compra pelotazo y enviándole
productos naturalmente diferentes a la muestra, para desentenderse
después de las posteriores reclamaciones.
Javier
Merodio
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