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¿Cambio
de proveedor?
Recientemente, tomando un café con Jesús, propietario
de un buen negocio de venta de recambios, me comentó lo cada
vez más tremendamente complejo que es a su juicio, el conseguir
vender a talleres que no son sus clientes.
Jesús es un empresario abierto, inquieto y dinámico,
al que le gusta analizar el mercado y aplicar nuevos sistemas de
venta. Semanalmente se aleja un par de horas de la vorágine
cotidiana, porque “Si no sales del negocio, los pequeños
problemas te impiden ver la trayectoria de la tienda, dónde
estás y hacia dónde quieres ir”.
Sobre
el tema de la fidelidad comercial Jesús ha reflexionado en
profundidad y recita, con la velocidad y fluidez de un predicador,
todas las causas, objeciones, impedimentos y dificultades por las
que a un taller le es difícil cambiar de proveedor (refiriéndose,
naturalmente, a aquellos talleres no morosos). Sería innumerable
citar todas las razones esbozadas por Jesús -el artículo
se convertiría en un folletín por entregas-. Además,
podría causar un quebranto en la moral de algún lector
al que el ejercicio no le vaya positivo.
A
la razón clásica, generalmente aceptada (y que cada
vez más pondera a la baja) de cambio de proveedor: “Otra
empresa vende el mismo producto con mejores condiciones de precio
y/o servicio”, se anteponen otras que pueden ser causa de
cambio: Productos más novedosos, catálogo más
extenso (sinergia de productos y de distribución), asesoramiento
personalizado al aspirante a cliente, líneas diferenciadas
de la competencia, campañas a la carta, administración
ágil, escuchar al cliente y tratar de resolver dudas y problemas
planteados con sensatez... En definitiva, el producto global es
nuestra empresa.
Nuestros
aspirantes a clientes necesitan de un lado seguridad y de otro efectuar
cambios. Ahí estará la empresa de Jesús, visitando
los talleres no compradores para venderles al menos un producto
que sirva de introducción.
El
nuevo cliente pronto se familiarizará con el nuevo formato
de proveedor: el logo de la furgoneta, la presencia del vendedor
o repartidor, el teléfono, el papel de las facturas. Será
el momento de hacerlo simplemente bien y esperar el fallo de los
proveedores históricos (que siempre son acumulativos): una
garantía deficientemente tratada, un abono que no se hace,
esa respuesta no comercial al otro lado del teléfono, fallos
en logística...
Con
un pie dentro de la casa del cliente no será difícil
para la empresa de Jesús ir ganando paulatinamente mayor
cuota de venta hacia el taller. Y entonces todas esas causas que
citaba Jesús servirán para dificultar la llegada de
futuros nuevos proveedores, aunque siempre habrá nuevos competidores
que busquen su oportunidad en nuestros puntos débiles.
Para
cuando Jesús lea estas líneas seguro que ya habrá
captado algún cliente nuevo en su zona y el próximo
café filosofaremos sobre cualquier otro tema, que nuestro
sector va demasiado rápido como para poder relajarnos.
(Jesús
es un nombre ficticio para una historia real). No suceda como aquella
vez que cité a un señor con bigotes y hubo quien se
dio por aludido.
Javier
Merodio <
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