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Mejorar
la formación
Siempre
que llega enero nos solemos llenar de buenos propósitos y
venimos a repetir lo de "año nuevo, vida nueva".
Parece en ese momento que nos vamos a despojar de todo lastre anterior
y, así, aligerando peso y con nuevos bríos, vamos
a acometer con mayor eficacia el nuevo ejercicio donde deseamos
superarnos. Y ¡ay de quien no lo intente así en los
tiempos que corren de rabiosa competencia!.
Habrá
mil y una formas de superarse y mejorar, pero es conveniente definirse
y programar qué vamos a hacer este año para que, de
verdad, nos superemos en relación al anterior. Quizás
por encima de todo esté la formación. Y, en este sentido,
es de admirar cómo en los últimos tiempos se atiende
esta faceta, tanto dentro de las mismas empresas, como desde la
iniciativa particular de los propios trabajadores. Son muchas las
empresas, también hablando de nuestro gremio, que teniendo
ya una significativa identidad, tienen sus programas de formación,
tanto para su propio personal como para sus clientes, y no creo
equivocarme si digo que coinciden con las más prósperas.
Entre
la masa de aspirantes a los puestos de trabajo que van apareciendo,
es cierto que hay cada vez más preparación, pero también
lo es que estamos todavía lejos del nivel óptimo.
Según
un artículo aparecido en "Cinco Días", de
cada 500 personas aspirantes a un puesto de trabajo convocado por
cierta multinacional, tan sólo 65 pasaron las pruebas de
aptitud. Y tan sólo 2.100 de 57.000 lograron superar una
rudimentaria prueba para acceder a su primer puesto de trabajo.
Por
más que sea cierto que se está creando algo más
de empleo, sigue siendo una suerte que está al alcance de
pocos y, si llamamos suerte a este hecho, habrá que repetir
la definición que tengo por más acertada: la suerte
es el punto donde la preparación coincide con la oportunidad.
Las
empresas dedicadas a la selección de personas son cada vez
más exigentes, en sintonía con los perfiles que condicionan
quienes se las demandan.
-"Me
cuesta lo mismo un oficial que un soldado, -me decía un empresario
que cubre sus puestos de trabajo a través de una de estas
empresas-. Por qué no voy a tener una plantilla de oficiales".
Ya,
ya sé que tienen que trabajar también los soldados
y podríamos inclinarnos en su auxilio por donde pienso que
está su destino, pero no es mi tema de hoy. Hoy hablo de
lucha y competencia y, si alguien se siente soldado y está
en edad de prepararse, mejor será que cambie de pensamiento
y vea la forma de superarse en busca de su oportunidad.
En
el cuaderno de ABC Nuevo Trabajo del pasado 20 de diciembre aparecen
23 páginas de anuncios de ofertas de empleo privado; a una
media de cinco o seis anuncios por página son más
de cien puestos, la mayoría de alta responsabilidad, que
serán cubiertos con relativa rapidez después de una
criba de aspirantes que seleccionará, casi siempre con acierto,
a los que tengan la "suerte" de acudir con la mejor preparación.
Sabemos
bien que en estos casos juegan su importante papel otras aptitudes
y circunstancias, pero sólo serán añadidos
a lo fundamental y vale como regla general que triunfan los que
mejor se forman.
Una
noche de la primavera del 97, el 29 de abril, en aquel popular programa
del Mississippi, contaba el famoso humorista Gila en relación
con el aprovechamiento del tiempo que, en cierta ocasión,
se encontró por la calle con un viejo amigo que iba cargado
con un bidé, cuando él ya tenía un Mercedes.
Se pararon a hablar y hablaron mucho de viejos tiempos, de sus coincidencias
en defender la igualdad y su amigo llegó a la conclusión
de que ya no eran iguales. No obstante, su amigo, para celebrar
el encuentro, le invitó a jugar al tute.
-"Yo
no sé jugar al tute"-, contaba Gila que le respondió.
-"Pues
juguemos al dominó", le propuso su amigo. Y Gila le
informó de que tampoco sabía jugar al dominó.
-"Es
más, -le aclaró-, de verdad, yo no sé jugar
a nada".
Y como
viera su cara de sorpresa siguió diciéndole: "Ya
que tanto te extrañas de que no sepa jugar y parece que me
reprochas el que ya no seamos iguales debo decirte que, mientras
tú aprendías a jugar, yo estudiaba".
Si
todos los eneros hay un propósito de superación, no
estaría de más que en éste del 99 nos propusiéramos
ir al éxito por la formación, aunque nos quede menos
tiempo para jugar al tute.
Vindemial
Aldea
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