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Saber
lo que se vende
Si
tantas veces se ha dicho que cada vida es un libro faltará
decir que eso es muy poco para una vida y que hay vidas que son
una biblioteca. Algo así como lo que ocurriría si
hubiera que escribir una parte de la de Andrés García
Estecha.
Sóo
al leer este nombre, ya sé yo que hay muchísimos lectores
que terminarán de leer esta página, porque la trayectoria,
a lo largo de más de 45 años de entusiasmo, dedicados
al gremio, dan amigos para eso y más. Tengo la suerte de
contarme entre ellos y por eso cuando apareció su nombre
en una reciente conversación con Emilio Fernández
Gallo, de Gresauto, surgió a la vez, y concretamente por
parte de Emilio, la idea de traer aquí su recuerdo.
Se
suscitó el tema en Cancún, sí, allá
tan lejos, estábamos disfrutando del viaje de incentivos
99 de Filtrauto (Purflux para más señas)- y que también
es justo y necesario repetir que ha sido otra vez un éxito
de calidad, asistencia y buena organización- y en unos comentarios
relajados sobre empresas y personajes del gremio apareció,
como digo, el nombre de Estecha y una serie de anécdotas
y hechos, que al saber que ha decidido jubilarse prematuramente,
sólo va a cumplir 62 años, se hacía irresistible
la tentación de recordarlos aunque fuera muy someramente.
Vienen
a mi memoria sabrosas vivencias compartidas en los años heróicos
de viajantes del gremio del automóvil y sin coche, que venía
a ser la circunstancia de casi todos los viajantes de la época.
Aunque había quien tenía por "coche" un
Gogomóvil, una especie de juguete para enanos en el que Andrés
viajó, en el asiento trasero, con dos o tres amigos más
hasta Palencia, y como es un tiarrón casi lo tuvieron que
sacar con forceps.
Por
entonces trabajaba en Comercial Anónima Blanch, que fue escuela
de muchos veteranísimos famosos de este gremio, y después
de 17 años en la empresa pasó a Fraymon -Francisco
Montoro significaba " "Fran y Mon", a ver quién
se acordaba ya de eso, ni de que acabó siendo de Valeo-.
Entre Fraymon y Valeo lleva 28 años como vendedor y sigue
entusiasmado con su trabajo (y "agradecido" repite una
y otra vez) aunque haya decidido "cambiar de tercio" para
dedicarse un poco más a su familia de casa que a su "otra
familia" que son sus clientes para los que piensa que "siempre
debe de mejorarse en el trato valorando su sensibilidad".
Pero
de todas las cosas que sé de Estecha, y porque viene a enlazar
con mi artículo del número anterior sobre la necesidad
de formación en todos los trabajos, destaca la anécdota
de una de sus primeras ventas; no sé si la más importante,
quizá sí por su importe, pero sobre todo por ser la
que dice que más le marcó:
Era
muy joven, cuando estando en C.A. Blanch se le presentó la
oportunidad de vender, en Talavera de la Reina, un torno CUMBRE
¡de 3 metros! decía él, como asegurando que
debía de ser el último grito en tornos por entonces.
Pero como resulta que entre el dueño de Talleres El Maño
y sus dos hijos sabían de tornos mucho más que él,
a pesar de que la empresa, según recuerda,daba formación
general y también sobre producto en el Centro de Instrucción
Comercial, a Estecha le faltaban conocimientos y documentación
sobre su artículo para rebatir las objeciones y llevar a
buen término la operación. Así que aplazando
unas horas el final de la entrevista, volvió a Madrid para
documentarse mejor y esa misma tarde cerró con éxito
la venta.
Conclusión
que él sacó, y en la que yo vengo abundando; hay que
sab er del producto más que quién lo va a comprar.
Andrés,
!feliz jubilación! puede que otro día vengan a este
espacio alguna de tantas lecciones como archivas en tus recuerdos.
Vindemial
Aldea
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