< Otros artículos de opinión >

Cada uno cuenta la feria…

Parece que fue ayer y ya estamos otra vez en Motortec. Han pasado dos años que a mí se me han hecho muy cortos, y creo que a la mayoría de los empresarios participantes, porque los que acudimos a esta feria no cabe duda de que somos empresas de notable actividad, y eso, indiscutiblemente, hace que los días y los meses se nos hagan cortos.
Esta feria que, en su corta vida se ha convertido en la más importante, se me hace a mí que se está convirtiendo también en "la feria de las vanidades". Es impresionante el afan de superación que hay en la presentación de los stands y el interés de participación, que este año ocupará sus ocho pabellones, y no sé cuántas solicitudes se quedarán por atender hasta el próximo 2001, cuando, según se anuncia, estarán ya construídos los pabellones 9 y 10, de 21.600 m2 cada uno.

Hay, como digo, un sorprendente interés en la competencia por mejorar, tanto en la cantidad -cosa bien difícil porque no hay más espacio- como en la calidad, mejorando en lo posible la versión anterior. Y seguramente estamos en lo cierto, luciendo las mejores galas en nuestra "fiesta mayor", como ya se le denominó anteriormente. Porque, si no tenemos grandes novedades que presentar, vamos al menos a presentarlas con el mayor esplendor.

Sé de un vendedor, aparentemente mediocre, que compartía su trabajo con un equipo de compañeros, la mayoría mejores que él a los ojos de su jefe de ventas, pero que destacaba por sus resultados; y como quiera que su jefe quiso conocer sus procedimientos de venta, le propuso acompañarle en una jornada de trabajo afin de descubrir la base de su éxito. Lo que vendían era una marca de vino, y para su promoción, además de la tarifa, se les proporcionaba una botella de muestra. Cuando llegaron a la primera visita y nuestro vendedor empezó a explicar, con escasa soltura, lo que pretendían ofertar, el posible cliente pidió precios, marca, origen, etc., etc. Y entonces él, con calculada parsimonia, colocó su maletín sobre el mostrador, extrajo de su interior un magnífico estuche, forrado de suave piel, abrió dos cerraduras de clásico y distinguido herraje y fue abriéndolo despacio hasta que en el interior apareció, envuelta en bucles de terciopelo rojo, la botella de vino.

Estaba claro: toda la fuerza de sus argumentos consistía en su original y expléndida presentación del producto que tan minuciosamente él mismo se había proporcionado.
Algo así, digo yo, si estaremos haciendo nosotros al adornar con tanta parafernalia nuestros recambios. Pero bien venido sea si sirve también como en el vino de mi recuerdo, para dignificarlo todavía más y conseguir con ello, como pretende toda publicidad bien hecha, que lo obvio se convierta en notorio.

Y hablando del vino, me alegro de haber encontrado en él base para mi simil, porque de verdad no sé, no sé yo, si en estos días de feria no se atenderá más al vino y a la cerveza que al motivo que nos reune, pues ya me ha dicho más de un colega que una de sus principales novedades de este año es que tendrá la barra más larga y el jamón más abundante. A ver a quién se le ocurre mejor oferta para que después cada cual cuente de la feria...

Vindemial Aldea

< Otros artículos de opinión >

(C) General de Ediciones Especializadas, SL. Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial
de este sitio Web, por cualquier medio, sin la autorización expresa por escrito del editor