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Renacer de las cenizas


Hasta en los momentos de mayor bonanza, -y parece que estamos en el mejor de los últimos años, no sólo por el eco de los medios, sino también por la experiencia propia-, hay colegas que te siguen diciendo que no lo ven tan claro, que la cosa no está muy boyante. No sé si es que no tienen memoria, es realmente su caso o solamente un hábito de queja constante. Pero lo cierto es que estos agoreros pueden bajarte algunas décimas de moral que, afortunadamente, las recuperas cuando contrastas con el comportamiento positivo de otros que no se arredran ni ante las verdaderas adversidades.

Acabo de estar con Mariano Valero, que es el propietario de Repuestos Lisboa de Talavera de la Reina y presidente del grupo Grunosur, y me ha dado una lección de entusiasmo, eficacia y coraje que ya quisiera yo saber trasladarlos al gremio desde aquí.

Mariano hace veinte años que dejó la seguridad de un puesto de funcionario en Obras Públicas (concretamente en la presa de Tous que reventó cuatro años después) para establecerse con una pequeña tienda de parte eléctrica en la avenida de Portugal, nº 31. Poco tiempo después empezó a tocar el recambio, ensayó con éxito la venta visitando a los talleres y puso en práctica el método infalibre: vender antes de comprar. Recibía ofertas muy ventajosas para importantes cantidades, las comprometía en fracciones entre sus clientes, también a buenos precios, sin ceder el margen necesario, y entonces cursaba su pedido a operación segura.

Así, con un desarrollo constante y un trabajo eficaz, se impuso la necesidad de mayores dimensiones, que vinieron a ser la espaciosa nave del 46 de la misma calle y la sucursal de Toledo.

Da trabajo a treinta personas y seguía un crecimiento admirable hasta que, a las 4 de la tarde del pasado 27 de julio, de la forma más inesperada, un impresionante incendio redujo, en pocas horas, a un montón de cenizas y escombros más de 200 millones de existencias y la nave que los contenía, donde, irónicamente, se salvó el bolso de Carmen, la esposa de Mariano, que quedó en el centro de una mesa que no ardió del todo.

La reacción de ánimo renovado, de empresarios natos, que Mariano y Carmen han tenido, así como todos sus colaboradores, a los que no se cansan de elogiar, ante semejante desastre es a la que yo quiero referirme más que al morbo de la crónica del suceso, bien repetida ya por la prensa diaria.

Con el temblor en las piernas y abundantes lágrimas en los ojos, mientras contemplaba como el devastador incendió consumía totalmente su nave gestionó ya, por teléfono, el que le cedieran una nave igual que había vacía al lado, donde a los pocos días empezaron a funcionar nuevamente con tal fuerza que en los doce primeros días de trabajo habían alcanzado el 70 por ciento de su facturación normal.

Claro que estos "milagros" no suceden sólo porque sí. Para que haya podido ser así, ha sido necesario que proveedores, clientes y amigos se hayan volcado completamente en una cooperación tan espontánea, leal y generosa, que ha sido fundamental para su recuperación, y de su conocimiento surge el anecdotario más humano que es el que no cabe en éste ni en muchos folios más.

Algunos de sus más importantes proveedores le repusieron inmediatamente la mercancía, dejando a su criterio o posibilidades la cuestión del pago. Son todas firmas de primerísima línea, con nombres y apellidos, que merecerían aparecer aquí en una relación ejemplar.
No faltaron clientes que vinieron a pagarle por anticipado las compras del próximo semestre. Hubo uno especialmente citable, pequeño en cifra de compra pero tan grande de corazón que, con unas compras mensuales de unas 30.000 pesetas, le anticipó un talón de 500 mil. Sus propios clientes de talleres han organizado una cena de solidaridad a la que acudieron más de 400 personas.

Todo eso da idea de la humanidad de una persona capaz de provocar estas reacciones en la ciudad que le vió nacer.

Ha llorado mucho y ha dormido poco en los primeros días, pero se siente tan apoyado que hasta ha recuperado su sentido del humor:

-"De momento se me han quemado todos los obsoletos", es lo primero que me dijo.

Si los pesimistas que comentaba al principio miran alrededor y no se les ha quemado la empresa, que levanten el ánimo, que ellos lo tienen más fácil.

Vindemial Aldea

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