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Del
Congreso de Benalmádena
Acabo de llegar del XII Congreso de Ancera celebrado en Benalmádena.
Congreso internacional, diría yo, pues empezó con
cuatro intervenciones de altos ejecutivos de importantísimas
multinacionales que precisaron de traducción simultánea,
y que nos hicieron soñar con las fantásticas cifras
que manejaban. Todos hablaron de su liderazgo, y también
lo hicieron muchos de los que intervinieron después. Así
decía alguien bien popular en la prensa del sector: la palabra
líder ha sido probablemente la de mayor uso y abuso en estas
jornadas.
Se habló después, como casi siempre, de descuentos,
sobre lo cual no se aportó ninguna fórmula mágica
que resuelva o aminore el problema, -como es lógico-, pues
si apareciera un sistema que anulara la competencia, habríamos
dejado de ser libres. Como decía Alfredo Pablo, coordinador
de Servirueda, al recibir un premio en otro foro uno de estos días,
donde además de dar las gracias a mucha gente las daba "a
la competencia que nos ayuda a mejorar". De modo que bien está
la competencia donde está: "Dios mio, consérvame
la competencia pero no me la aumentes", dice José Ignacio
Murillo, otro sabio bien experimentado.
José Bosch expuso con palabras precisas, no una fórmula,
sino una forma de proceder: "mente clara, cada uno tiene que
tener la mente clara en algo". Nadie compra o vende nada si
no le conviene, vino a decir, y "las revistas siempre publican
que todas las empresas vendemos cada vez más". Habrá
que añadir, digo yo, que quizá las revistas no se
ocupan tanto de los que venden menos.
La
gran mayoría vende, sin duda, cada vez más, pero también
nos afanamos en presentarnos siempre como triunfadores, disimulando
nuestros fallos, que es la forma más normal de hacer nuestra
propaganda. Si no, nos pasa como al del trampolín, según
la anécdota muy oportuna y graciosísima aportada por
un contertulio de una mesa redonda.
Dice que había un caballero que se pasó todo el invierno
haciendo gimnasia y ejercicios a fin de preparar su cuerpo para
lucirlo en el verano. Cuando llegó el momento de presentarse
el primer día en la piscina, se subió al trampolín,
y, tras hacer alguna flexión de compostura y exhibición,
se adelantó hacia la punta poniéndose lentamente con
los brazos en cruz. En ese momento, alguien que lo reconoció
desde abajo le dijo: -Pepe, pareces un águila.
-¿Por
la armonía de mis músculos o por mi postura arrogante
como la que adopta el águila al despegar el vuelo?.
-No,
-le respondió el amigo-, por las uñas de los pies.
La
verdad es que ha sido un congreso que, a mi juicio, ha superado
a los anteriores, tanto en la concurrencia como en la calidad de
las intervenciones, que, a buen seguro, se encargarán de
recoger los profesionales de la prensa que estaba ampliamente representada.
Como lo estaba el sector, pues, cuando alguién dijo que allí
no estábamos todos, se lo rebatieron diciendo que estábamos
los más y los mejores. Que no se enfade quien por la razón
que sea no se hizo presente, pero entendiendo a los presidentes
de grupo como representantes de sus asociados, habrá que
admitir que entre ellos y los fabricantes se reunió allí
una importante mayoría, por lo que me complace felicitar
a Ancera por su poder de convocatoria y buena organización.
Las
insignias del Congreso fueron a parar este año a las solapas
de Prudencio Morales, de Recambios Puerto Rico, bien merecida tras
cincuenta años de constancia en el gremio y merecedor de
una cita más amplia en esta sección, y la otra a Gabriel
de Bérard, presidente de Allied Signal Automotive, un madrileño
afincado en Francia, gran conocedor del recambio en España
y exquisito en el trato, que sabe estar con todo el mundo y dar
las gracias como lo hizo con maestría de orador.
Valentín
Alonso, que había hecho múltiples agradecimientos
en la clausura, cerró este acto con brevedad y acierto, aunque
fue Paco Aznar el que con buen sentido del humor pidió que
nos veamos las caras todos en el próximo congreso de Sevilla,
no vaya a ser que de tanto hablar de Internet como se ha hecho a
lo largo de estos dos días, lleguemos a celebrarlo con pantallas
a distancia sin este calor humano que es lo más bonito del
Congreso. "Que Internet no nos prive de estar juntos".
Vindemial
Aldea
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