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Murillo
se jubila
Resulta que José Ignacio Murillo ha decidido jubilarse de
la Dirección General de Filtros Mann, lo cual me parece una
sabia decisión, pues lo hace en la plena juventud de sus
sesenta años y además se queda en una labor más
sosegada, sin dejar de ser importante, dentro de la compañía,
que le ha de permitir estar relativamente ocupado siendo verdaderamente
útil y disfrutar a la vez de su nueva vida.
Con tal motivo, la Dirección General de MANN + HUMMEL en
Alemania le ha ofrecido un homenaje en Ludwigsburg el pasado día
27 de enero, al que fuimos invitados unos pocos españoles
elegidos entre los muchísimos amigos que ha reunido a lo
largo de su vida laboral. No éramos muchos pero creo que
sí estaba bien representada España y el gremio. Pues
con el grupo 10G, en la persona de Fernando Pardo; AD Parts representado
por Josep Bosch; Biguisur, por Rafael Gargallo y Jesús Hermosilla,
que también representaba a Finorsa; más Joan Peret
por Cecauto, suman un peso suficiente para que el recambio aparezca
masivamente representado. Por equipos originales fue Honorio Pertejo,
Director General de Sogedac, y estaba también Ricardo Egea,
consejero en Filtros Mann en representación de Bankinter,
así como Franz Georg Geiger, nuevo Director para Zaragoza
y José Francisco Viamonte, que es Director General para asuntos
económicos de la compañía. Con Eduardo Amat
y José Melguizo, como representantes de Barcelona y Madrid,
más las esposas de casi todos, llegamos hasta veinticuatro.
Muchos, sin duda, para relacionarlos aquí, pero los necesarios
para dar un buen testimonio.
Me
cupo el honor de ser portavoz de dirigir, durante el acto, unas
palabras a José Ignacio, que quise que fueran justas y apropiadas
para tan solemne momento, y he de decir, como ya dije allí,
que no me resultaron tan difíciles, ya que, al fin y al cabo,
era un discurso que llevaba más de veinticinco años
enyándolo, pues hace ya tantos años que soy amigo
suyo y siempre me ha dado motivo para hablar de él con admiración.
Suele
ocurrir que los homenajes llegan tarde, pero no es éste el
caso, pues antes de éste le he visto ya recibir otros también
importantes, aunque ninguno tanto como éste, pues el discurso
del señor Kankowsky, presidente de la compañía,
que narró con precisión los méritos acumulados
a lo largo de 37 años de brillante servicio, fue como para
enorgullecer a cualquiera. Claro que Murillo, como todos los grandes
hombres, tiene poco de orgulloso y mucho de eficaz.
He
dicho que es un gran hombre y debo decir que es además un
hombre alto, por lo que también le envidio y admiro. Y como
siempre hubiera querido parecerme a él, aunque siempre me
ha resultado imposible, cuando en cierta ocasión en Munich
Konrad Bek (otro supereficaz ya jubilado de Mann que también
nos acompañaba en la cena) nos hizo a los dos una foto en
la calle, me subí a la acera para estar un poco más
igualados, pidiéndole a Bek que nos cortara los pies en la
foto. Es tan rápido de reflejos que dijo inmediatamente:
"¡No ves que habrá una desproporción entre
la estatura y el largo de los brazos!". Y en efecto, resultó
una fotografía muy graciosa que conservamos con cariño,
pero que sigue demostrando que no puedo igualarme ni con trampa.
He
preferido traer aquí este recuerdo más bien simpático,
que habla igualmente de su personalidad, que abundar sobre su gran
obra, que es la fábrica de Zaragoza, joyita entre las del
grupo y modélica en calidad y rendimiento, aunque casi la
triplique en dimensiones, con sus 2.087 trabajadores, la de Marklkofen,
que sí tuvimos ocasión de visitar durante estos días.
Me
veo limitado aquí, porque no hay más espacio, a no
poder contar anécdotas del viaje que ha resultado tan grato
y enriquecedor, y que puede que aparezcan en algún artículo
próximo, pues cuatro días de viaje en compañía
de verdadera gente con chispa da para llenar unos cuantos folios.
Lo que pasa es que José Ignacio resulta un personaje tan
interesante y la circunstancia tan señalada que creo justamente
que merecía más crónica de la que he podido
dedicarle. Otro día será.
Vindemial
Aldea
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