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Las prensas

Por obra y gracia de Ana Rita, que es la madre de mis tres nietos y sabe bien de mis aficiones, ha caído en mis manos un libro titulado "El sueño español", que ha resultado de lo más interesante y, por mi parte, muy recomendable para todos los jóvenes entusiastas que sueñan con ser empresarios y creen que es imprescindible el partir de un capital importante que garantice el buen fin del proyecto.

El libro comprende, forzosamente extractadas en sus 277 páginas, doce biografías de otros tantos triunfadores españoles de los que cualquiera que tenga un mínimo de vocación de empresario siempre tendrá algo que aprender. Su autor, Javier del Castillo, ya orienta, muy acertadamente, en la introducción sobre su contenido al decir que "los doce empresarios que aparecen en este libro partieron de cero y sus empresas, que hoy facturan miles de millones de pesetas" son el resultado de muchos años de trabajo y entrega. En su mayoría fueron niños trabajadores que abandonaron el colegio durante la infancia para ayudar a sus familias y algunos incluso pasaron hambre de pequeños". Después de bucear en su pasado, uno llega a la conclusión de que el "sueño español" existe, aunque desgraciadamente mucho menos mitificado que el "sueño americano". Y así, más adelante, pasa a relatar lo más destacado de la vida de los doce personajes cuyas caras aparecen en la portada del libro y que, a pesar de que "sus empresas facturan en conjunto más de medio billón de pesetas" y han creado tantos miles de puestos de trabajo resultan escasamente populares en relación con algunos famosos de dudosa utilidad.

Con el sabor estimulante de esta lectura andaba yo hace unos días cuando un encuentro de trabajo con Mario González (que es director y fundador de Intercontinental Filtración, empresa sita en Santa Oliva, El Vendrell, Tarragona) nos pusimos a comentar las dificultades y estrecheces en la iniciación de los negocios, tema que entre nosotros tenía una buena base.

Esta familia González se ha dedicado prácticamente desde siempre al filtro. Su padre, Don Manuel González Güere, ya fue fabricante de filtros en baño de aceite, en una minifabriquita en el centro de lo que hoy es la Diagonal con Bach de Roda, en la zona de Pueblo Nuevo (hablamos de Barcelona) allá por 1960-1962. Después fue socio, -y fundador puesto que nació de allí-, de Air pur (marca que alcanzó y mantiene un merecido prestigio) entre los años 62 al 79 en los talleres de su propio nombre.

Pero, volviendo a los problemas del principio de las empresas para salir adelante a base de ingenio y coraje, me refería Mario los desvelos de su padre y los suyos propios para lograr con tan escasos medios una producción mínima para mantenerse. Por no tener, no tenían ni prensas adecuadas para el trabajo que debían desarrollar y, ante la imposibilidad de comprarlas, llegaron al acuerdo con un tal señor Miralles, un vecino que fabricaba artículos de baterías de cocina, para utilizar sus prensas durante la noche; así que allá iban Mario y su padre a hacer su turno nocturno, con lo que empezaron realmente su primer desarrollo palpable, de cuya continuidad han evolucionado a empresas prósperas que él, y sus hermanos por otro lado, administran hoy con éxito.

Y, abundando en estos recuerdos, llegamos a la conclusión de que para triunfar hay que partir de las dificultades y no de la abundancia. Por deducción lógica, a quien ya está en posición privilegiada no es fácil que le aparezca la inquietud de superarse. Lo lógico es que el primer deseo de quien inicia una empresa partiendo de mínimos sea el de alcanzar un buen nivel de bienestar, como debió de ser también el de los doce triunfadores del libro, y para triunfar lo que hace falta es un proyecto, creer en él y poner mucho entusiasmo.

Vindemial Aldea

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