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Pinchitos morunos

Me temo que la oferta de trabajo, por amplia que sea, no llegará nunca a satisfacer a la demanda. Llevamos unos años que las noticias sobre el descenso del paro se repiten constantemente y parece que nos animan a creer que estamos en el buen camino, pero, no obstante, para cada puesto de trabajo que se crea sigue habiendo varios aspirantes.
La oferta es verdaderamente amplia y esperanzadora, pues con un cálculo no muy preciso, sobre la última semana de septiembre, entre las setenta y dos páginas dedicadas sólo al tema en Segundamano, las cerca de 100 de ABC Nuevo Trabajo y las cincuenta y tantas de Laboris, -un periódico semanal, relativamente nuevo, dedicado exclusivamente a ofertas de trabajo-, se ofrecen de 10 a 12.000 oportunidades. Si pensamos las que se ofrecerán en el resto de la prensa de España, y que al fin todas han de cubrirse, encontraremos base para cierto optimismo.

Otra cosa es la calidad de las ofertas, que van desde el superejecutivo con master e idiomas a la de mozos para casi todo, con mensajes a veces de lo más variopinto, como el que le proporcionó su puesto de trabajo a Mariano González (un joven que acabamos de entrevistar para nuestra empresa) que acudió a un anuncio que pedía camareros que supieran jugar al mus, y resultó ser efectivamente el club de mus donde los camareros debían de estar dispuestos a completar las partidas que no pudieran celebrarse por alguna ausencia.

Otras veces se presentan con planteamientos de grandes posibilidades que luego pueden resultar engañosas: "de 90 a 300.000 pesetas ganará a tiempo parcial" o "personas con iniciativa 175.000 superables a tiempo parcial" y sólo dan unos teléfonos según acabo de leer en estos días.

Esto, que yo sepa, es así desde siempre. Aunque llevo muchos, muchísimos años ¡bendita la hora ! en esto del recambio del automóvil, antes, como ya tengo contado repetidas veces en este espacio, di no pocos bandazos en busca de algo definitivo, cambié muchas veces de trabajo y me interesé por muchos anuncios.

En cierta ocasión acudí a uno que ofrecía grandes ingresos a personas activas con don de gentes y tiempo libre. Fui a la calle de Víctor Pradera, hoy Juan Alvarez Mendízabal (en Madrid) y cuando encontré el número y le pregunté al portero por la empresa me dijo que eso era en un sotanillo que había saliendo a la izquierda. Efectivamente, allí, tras una puerta ante la que había que agacharse para entrar y bajando unas escalerillas había una oficinita de lo más cutre y un hombrecillo que formaba toda la plantilla.

"¿Cuál es su profesión?" Me preguntó cuando le dije que venía por lo del anuncio.

"Soy vendedor". Le contesté, que era mi carta de presentación en todos los trabajos que pretendía.

"Pués aquí tiene usted la ocasión de llevarse un buen dinero". Y abriendo un cajón puso sobre la mesa unos manojillos de alambres con punta en un extremo y un poco retorcidos por el otro, y me fue explicando, como si fuera su gran invento, que servían para hacer pinchos morunos, que se podían vender muchísimos por los bares y que la comisión era del cincuenta por ciento. Claro, la comisión consistía en que yo tenía que vender los lotecitos a 200 pesetas y a él se los pagaba a 100, pero antes de salir de la oficina.
Cuando terminó su rutinaria exposición y yo, sin poder evitarlo, empecé a reírme, me reprochó aparentando una gran dignidad: "Oiga, porqué se ríe si dice usted que es un vendedor profesional?"

"Precisamente por eso", le respondí, y dándole suavemente la mano enfilé la escalerilla de la calle para seguir buscándome la vida.

En un periódico de Cataluña, según criticaba La Codorniz en su "cárcel de papel", apareció un anuncio que pedía "señoritas para confección de niños" y claro, lo que decía La Codorniz, "las que acudan que no se llamen a engaño".

Total, que ofertas hay muchas, pero también hay que ver lo que se ofrece.

Vindemial Aldea

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