< Otros artículos de opinión >

Redoblar el intento

Ya hemos "pasao", como decía la vieja canción guerrera. Ahora sí que hemos entrado en el tercer milenio, sueño que parecía inalcanzable desde la lejana infancia de los de mi generación. Llegar al siglo XXI, -creíamos-, ha de ser disfrutar de la plenitud de los logros alcanzados por la técnica; habrá tan sofisticados adelantos que el trabajo,como castigo divino, empezará a ser innecesario y nos preocupará a cambio la cultura del ocio.

Todo esto esperábamos y, lógicamente, debe de ser así para una gran mayoría en la que me temo que no entremos los empresarios. Quienes por iniciativa propia u otras circunstancias se encuentren en la obligación de dirigir o administrar empresas en tan esperado siglo, que redoblen su ingenio, sus medios y su entusiasmo porque inevitablemente se van a reducir, antes o después, el tiempo de trabajo y los márgenes; y desarrollar y hacer crecer las empresas con ese horizonte no creo que se logre, precisamente, reduciendo también nuestra dedicación; aunque eso de que la constancia suele acompañar al éxito ya valía en el siglo XIX. Dicen los que escriben (no yo que hago un folio al mes) que las musas suelen aparecer, pero es conveniente que te pillen trabajando.

Mi amigo y compañero Miguel Puerta, -"Seisdedos" le llamábamos porque realmente los tenía en una mano y nunca le pareció mal el que también le nombráramos así-, era un vendedor de lavadoras a domicilio en aquel lejano tiempo del que ya he contado algunas anécdotas, y volveré a contar siempre que crea que aportan algo positivo. Miguel era un tipo que destacaba principalmente por sus resultados, sin que se le considerara realmente un "científico" de la venta, de esos que son capaces de vender una nevera a un esquimal, era eficaz y sobre todo constante, y de ahí se deducía su rendimiento.

Cierto día coincidimos tomando un café en el barrio de Salamanca sobre las 11 de la mañana, cuando yo me disponía a empezar a llamar a las puertas, porque consideraba que antes de esa hora podía resultar inoportuno, y al hacerle este comentario me dijo que él ya llevaba "trabajadas" tres escaleras.

-Mira Aldea, - me dijo-, esto no es tan difícil, es cuestión de moverse y de intentarlo muchas veces. En esta manzana de casas que acabo de empezar hay tres o cuatro familias que están ya dispuestas a comprar una lavadora, en un par de días doy con ellas.
Toda la ciencia del buen vendedor, de despertar el interés y crear la necesidad, eran fases que, según Miguel, se desarrollaban solas y lo que había que hacer era ir a su encuentro. La técnica a mí me parece indiscutible: para cualquier número de intentos hay siempre un porcentaje de respuestas positivas, de modo que quién más lo intente debe alcanzar mayores resultados.

Cuando yo viajaba para Filtros Cribex, tenía obligación de enviar todos los días, al terminar la jornada, un telegrama indicando la cifra en unidades vendidas. Un día que no había vendido nada no tuve valor para poner mi telegrama y cuando al día siguiente, que ya tenía algún resultado que ofrecer, llamé por teléfono y expliqué el motivo de mi silencio del día anterior, Don Natale -que era mi jefe - me interrogó para después tranquilizarme con gran sabiduría: "¿Lo has intentado?". Queriendo decir: si lo intentas con fe siempre habrá resultado además de la satisfacción del deber cumplido.

Así que una vez que ya hemos "pasao" al nuevo siglo y viene apretando de la manera que viene, a ver cómo nos las arreglamos para en menos tiempo intentarlo más veces, de manera que, si además se reducen los márgenes, hallemos la compensación que nos asegure el éxito o al menos la supervivencia.

Vindemial Aldea

< Otros artículos de opinión >

(C) General de Ediciones Especializadas, SL. Queda prohibida cualquier reproducción total o parcial
de este sitio Web, por cualquier medio, sin la autorización expresa por escrito del editor