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Y con Esteban cien

Con esta simpleza de juego de palabras, haciéndose el gracioso, terminaba de contar mi cabo primero los reclutas a los que cada noche les tocaba ir a pelar patatas de los de mi escuadrón, cuando estaba yo entre la fila esperando si entraría o no en el grupo que caprichosamente él escogía. Contaba los 10 ó 12 que consideraba necesarios y siempre terminaba igual, hasta que una noche, al contar el último, que sin duda era aún más simple que el cabo con su voz pausada y torpe, le corrigió: "Mi primero, que yo no me llamo Esteban, que me llamo Lino". Y consiguió con semejante aclaración que al final tuviera gracia la tontería y que algunos graciosos siguieran preguntándole después cuál era su verdadero nombre, y no digo el del cabo porque todavía me temo que si lo lee me arreste.

He querido aprovechar el lejano recuerdo para entrar en mi artículo de hoy, precisamente porque también va estando ya lejano nuestro número uno y con éste van 100. Y, por la ilusión que representa el haberlo logrado, quiero poner mi mejor intención en que alcance en adelante algún interés que no haya despertado hasta ahora.

Son, afortunadamente, ya varias veces las que me ha tocado escribir o hablar en la celebración del número cien de distintas publicaciones, y siempre tiene este acontecimiento el signo distinguido de alcanzar una etapa importante en una carrera que soñamos infinita.

La experiencia al mirar atrás después de una etapa tan larga ha de ser, en todo esfuerzo continuado, un estímulo de superación para las sucesivas.

Cuando en el otoño de 1.960 estrené mi primer 600 y mi carnet -que todavía sigo sin entender cómo aprobé sin saber conducir- me encomendaron mi primer desplazamiento directamente a Oviedo, para empezar allí mi ruta de viajante, que como ya he dicho tantas veces, era mi trabajo por entonces. Los que tengan la suerte, por edad, de saber cómo eran aquellas carreteras de hace 40 años -y a los que no, ya se lo aclaro yo que eran calamitosas- pueden hacerse una idea de la aventura que suponía lanzarse a aquel viaje con un coche, que me lo tuvo que sacar del garaje Jacinto Cuesta (del que ya tengo referidas ricas anécdotas), porque yo era incapaz de hacer las maniobras necesarias. Estos, repito, podrán entender mejor mi situación.

Agarrotado al volante, repitiéndome a mí mismo que lo mejor era no correr, buscando, inconscientemente a veces, la seguridad del centro de la carretera y sin acordarme de que tenía retrovisor ni pensar que alguien tendría que adelantarme; con la mirada siempre al frente hasta que me aturdía el claxon de algún camión desesperado de aguantarme. Así iba yo, contando poquito a poco los kilómetros que se iban quedando atrás y así llegué ¡oh milagro! de mi primer tirón hasta Arévalo. Paré para estirarme un poco, saborear el éxito y repostar, que ya iba siendo necesario. Pero ¿y por dónde se echa aquí la gasolina? Como no podía mostrar mi ignorancia, ordené que me llenaran el depósito y fingí ir al servicio, para desde allí, disimuladamente, ver cómo lo hacía el expendedor. Con esto aprendido y la experiencia de más de 100 km, reemprendí, optimista, mi viaje y fui capaz de llegar a dormir a León, para continuar a primera hora del día siguiente.

Cuando asomé al Puerto de Pajares, debí de dudar sino sería más prudente volverme a practicar por los llanos de Castilla que descolgarme por allí. ¡Dios mío! cómo estaba aquel puerto. Pendientes del 19%, curvas donde los camiones tenían que maniobrar….. De verdad, temeroso.

Pero llegué a Oviedo (que por cierto lo hemos encontrado guapísimo en nuestro reciente congreso de Ancera) y lo primero que hice fue tranquilizar a mi mujer con el siguiente telegrama, que ella conservó durante muchos años:
"Llegado Oviedo, conductor primera rey carretera"

Con esta forma, optimista y jocosa, de dar la noticia quería decir que había cubierto una primera etapa, difícil e importante, y que me había llenado de seguridad y de ilusión para seguir, porque estaba convencido de que en adelante cada vez iría mejor.

Cuando el mes que viene aparezca el número ciento uno, habré superado también algún error y así sucesivamente.

Vindemial Aldea

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