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Internet
o vendedores
Insisten
y no paran en que el futuro de la venta ha de ser por internet,
y puede que tengan razón; pero también hace años
se decía que la venta se haría principalmente por
catálogo, que ofrecía la posibilidad de elegir serenamente
sin la presencia del vendedor y que además abarataba el producto
al eliminar un intermediario, y acabo de leer "que en nuestro
país se puso en funcionamiento la venta por catálogo
y no logró el éxito de los Estados Unidos" "Spain
is different".
Me
temo que también la venta por internet se desarrolle aquí
con menos rapidez, aunque tantísimos lo estemos ya intentando,
y sobre todo creo que seguirá siendo necesaria y cada vez
más valorada la figura del vendedor, -al que habrá
que llamarle comercial, como se ha puesto de moda, porque dicen
que dignifica una profesión que desde siempre fue dignísima-.
Eso sí, los comerciales, además de una presencia agradable,
simpatía y buenas dotes de comunicación, como siempre
se les ha requerido, tendrán que dominar más que nadie
el conocimiento de su producto y su mercado, lo cual, tampoco es
ninguna novedad, pues así fueron, generalmente, los triunfadores
de siempre y más en nuestro sector, -antes se llamaba gremio
pero también ha caído en desuso -, donde quien no
conozca el recambio difícilmente conseguirá la confianza
del recambista, aunque se adorne de otras gracias personales.
En
esto de las habilidades personales para agradar al cliente sí
que el anecdotario ha de ser verdaderamente inagotable, y siempre
al mencionar alguna, seguro que cualquiera ha de recordar otras
más originales o parecidas.
Antes,
por ejemplo, cuando la mayoría fumaba y además no
estaba mal visto, lo más socorrido era ofrecer un cigarrillo
durante la entrevista, con lo que, si el cliente aceptaba, parece
que se obligaba la prolongación de la visita y en consecuencia
la posibilidad del buen fin. Se debía de acertar si el cliente
fumaba rubio o negro, para lo cual había muchos vendedores
que llevaban un paquete de cada; y hasta hubo uno tan singularmente
cuidadoso y previsor en esto de ofrecer al cliente su cigarrillo
preferido, que llevaba en una caja de madera, con muchos departamentos,
tantas cuantas marcas de tabaco eran populares en la época,
y, al entrar en las tiendas, la abría sobre el mostrador
y ofrecía a todos los que trabajaban allí. No sé
si le daría un gran resultado, pero sí, al menos,
merecida fama a su originalidad. Pero ¿quién se acuerda
ya del señor Quevedo, que fue mucho tiempo decano de los
viajantes, y creo recordar que falleció en una pensión
al lado de sus catálogos?. (Quizás algún veterano
me sorprenda diciendo que él si que lo recuerda).
Pero
tomando por buena norma el que al cliente se le debe de acertar
en gustos y aficiones para crear el clima que buscamos, no es menos
astuto y original mi amigo Rafael Sanz "El Mudo" -como
le llamamos los amigos, y no hace falta aclarar por qué -
que es un representante de vinos que se toma sus chatos de vez en
cuando con mi peña de alterne y tiene gracia y tablas como
corresponde a sus muchos años de oficio. Rafa sostiene que
uno de los motivos que más acercan a los hombres es la coincidencia
en las simpatías por el mismo equipo de futbol, y lo explota
de tal manera que, aunque en su corazoncito tiene el mejor rincón
para su "Atleti", como para vender vale cualquier cosa,
hace tiempo que se ha procurado también un carné del
Madrid y otro del Rayo. De modo que por ese lado, mientras no se
lo descubran y se vuelva contra él ya va ganando el primer
asalto por afinidad; y, si se enteran, le sobra ingenio para sacarle
igualmente partido a la situación.
Ya sé yo que esto no es lo que se enseña en las escuelas
actuales de ventas y marketing, sé bien que el futuro de
vendedores y empresas está en el mejor servicio con la calidad
y precio que exige el mercado, más que en las astucias pintorescas
del trato personal; pero también sé que la presencia
humana, siempre con alta preparación, es insustituible, porque
ya me diréis como ofrecemos un cigarrillo oportuno por internet,
o acertamos con el equipo preferido de nuestro cliente.
Vindemial
Aldea
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