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Esto era un buen negocio

En la todavía reciente edición de Motortec, tuve la ocasión de presenciar un debate sobre un tema que quizás nunca ha sido abordado en profundidad y que, sin embargo, está a la orden del día en nuestro sector: La desmesurada rotación de cargos directivos y de responsabilidad en las empresas españolas del sector postventa.

¿Es positiva esa rotación?, ¿preferimos el modelo americano tendente al cambio continuo?, ¿vemos más aconsejables los postulados de la escuela germánica o nipona de dedicar la carrera profesional a una empresa o, máxime, solamente dos? Evidentemente existen opiniones para todos los gustos. Una carrera estelar a un puesto de máxima dirección de una multinacional suele tener unas etapas previas en otras empresas de menor significación, probablemente incluso en alguna competidora directa. El directivo que elige -o le eligen- para saltar de una empresa a otra se traslada con el importante bagaje que supone todo un cúmulo de experiencias, contactos, datos y sistemáticas que, obviamente, será por lo que le pagarán más en el siguiente y rutilante destino. Deberá ser ambicioso, afinar la mente y estar muy atento a toda esa serie de movimientos y corrientes internas que existen en las empresa de cierto tamaño y que todo recién llegado deberá analizar, adaptarse y situarse, aunque se fiche como Jefe. El nuevo directivo efectuará algún cambio de importancia, aplicando lo mejor de sus experiencias anteriores, como modificar cierto tipo de políticas o cambiar el equipo, no tanto para lograr rápidos resultados sino para establecer un antes y un después de su aterrizaje y poder dinamizar a componentes de la plantilla con el puesto estable pero excesivamente relajados o desmotivados.

El directivo "de siempre" probablemente tenga una visión más conservadora de la empresa y le cueste efectuar cambios, sobre todo si éstos son traumáticos. Sin embargo sentirá la empresa más profundamente y podrá contemplar objetivos a más largo plazo. Ganará menos dinero que su colega mutante, conocerá mucha menos gente y es posible que tenga menos clientes, pero establecerá con algunos de ellos fuertes vínculos, derivados de una vida profesional compartiendo la misma marca y productos.

El directivo uniempresa no tendrá su "Curriculum Vitae" en el disco duro de las empresas caza talentos, probablemente nunca lo habrá redactado, aunque no le costaría mucho tiempo hacerlo, porque toda su trayectoria le cabría en un simple folio. Y, si la empresa pasa por dificultades e incluso si ésta llega a cerrar, se mantiene en su puesto hasta el final del acto, como el capitán del Titanic. Mientras, su colega leería ese cierre empresarial en cualquier revista de economía, en algún aeropuerto lejano y efectuando gestiones para su, hasta ahora, última empresa.

Vindemial Aldea

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