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Preguntas
positivas
No
cabe duda de que quien sepa plantear con mayor habilidad la intención
de sus preguntas conseguirá también con mayor frecuencia
las respuestas deseadas. Es un principio, aparentemente elemental,
que suele conducir al éxito a quienes lo practican y que
deberíamos de tener presente en todas nuestras relaciones.
Es más, diría yo, es básico en las relaciones
humanas y fundamental en los vendedores.
Conocí
a un gran vendedor que ni siquiera en la primera visita preguntaba
al cliente al estrechar su mano: "¿Qué tal está
usted?" Siempre decía: "¿Qué tal
sigue usted?".
Parece tan insignificante la diferencia que muchos podrían
decir que es inapreciable, pero quien la recibe tiene una sensación
distinta de acercamiento y hasta cierta duda de la existencia o
no de una relación anterior que siempre favorece el inicio
de la entrevista. Es un principio en la teoría de los vendedores
que "toda palabra que no va a favor de la venta va en contra
de ella" y toda pregunta bien planteada debe de provocar, generalmente,
una respuesta positiva.
En
cierta ocasión, cuando yo vendía líquido de
frenos, me encontré en Zaragoza con José Luis Díaz
Borao, -a quien ya he citado en alguna ocasión anterior porque
era un verdadero maestro de la venta-, que también era viajante
de la misma empresa que yo, aunque con otros productos, y nos hicimos
las preguntas de ritual: ¿qué tal te va el viaje?,
¿qué ruta llevas? o ¿de qué cliente
vienes? Fue una de las preguntas que me hizo José Luis y
a la que quiero referirme.
-Vengo
de Julio Galán.
-Ese te habrá hecho un buen pedido.
-Pues la verdad es que no me ha pedido nada.
-Y ¿por qué?, me siguió preguntando.
-Pues porque todavía tiene.
-Y ¿para cuánto tiempo tiene?, siguió insistiendo.
-Yo qué sé, José Luis, no necesita y a otra
cosa.
"Mira,
Aldea", me explicó, dándome una lección
que jamás he olvidado, "cuando un cliente consume un
producto de forma regular, donde además hay tanta competencia,
no debes consentir que él cierre la entrevista diciendo que
tiene; tienes que procurar que te diga para cuánto tiempo,
y anotarlo claramente delante de él, para dejar abierta la
próxima visita.
Esto
también es muy elemental, pero tendréis que coincidir
conmigo en que, de puro sencillo, se nos escapa muchas veces en
la rutina diaria.
En
la conversación de aquel día, mi admirado José
Luis, que acababa de venir de Colombia de vender electrodomésticos
y máquinas cafeteras y que después fue popularísimo
aquí en nuestro sector, trabajando en Seloc, Echevarría,
Belloch y Hergoy, me contó, entre otras cosas, la anécdota
de un vendedor que vendía unas maquinitas o batidoras por
los bares, allá en Colombia, estudiadas para hacer batidos
de frutas con huevo.
Uno
de los clientes, a los que había conseguido colocar una de
aquellas maquinitas, le llamó a los pocos días, diciendo
que quería devolverla porque en su establecimiento seguían
prefiriendo el batido sólo de fruta. Fue al bar y pudo observar
que, cuando su cliente preguntaba a sus parroquianos si querían
el batido con o sin huevo, todos respondían que sin huevo.
"Déjeme,
por favor, que maneje yo la máquina y la oferta, a ver si
conseguimos que lo pruebe alguien y se aficione", pidió
al dueño del bar el vendedor de nuestra historia y esperó
al primer cliente que le pidió un batido. Puso en marcha
la novedosa maquinita y preguntó: "¿Prefiere
usted el batido con dos huevos o con uno?".
Y con
tan sencilla diferencia en el planteamiento consiguió que
un porcentaje de clientes probaran aquel día el batido con
un huevo.
Y así,
tantas veces, seguiremos dando respuestas positivas sin advertir
que vienen condicionadas por preguntas bien hechas.
Vindemial
Aldea
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