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Cerrado por vacaciones

Llega el mes de agosto y, más concretamente hacia el día diez, empiezan a aparecer sobre los cierres y cristales pintados de blanco los clásicos cartelitos de "Cerrado por Vacaciones". Son puntuales a su cita como las aves migratorias que, de pronto, te advierten de que debemos estar por San Blas, porque una mañana te sorprende la agradable aparición de la primera cigüeña. Si estás en una gran ciudad, en Madrid en este caso, al empezar a ver estos avisos de ausencias veraniegas dice uno: "Ya debemos estar por San Lorenzo. !Qué pinto yo aquí si mis clientes se van a la playa!" Y, siguiendo la corriente mayoritaria, a donde va Blas... !Hala! A buscar un hueco donde poner el coche cerca de la arena, intento casi imposible. !Con la de sitio que hay en Chamberí! Bolsa, sombrilla y toalla a cuestas, crema que te embadurnas y venga paseos, medio pisando el agua, playa arriba y playa abajo, como una obligación que forzosamente hay que cumplir. La verdad es que dan ganas de preguntar como el potro a la ardilla de la fábula de Iriarte: "Tantas idas y venidas (...) ¿Son de alguna utilidad?".

Pero es que, claro, si no lo haces, a ver qué cuentas luego en septiembre, cuando todos te preguntan qué tal tus vacaciones y dónde has estado. Hay que hablar de playas y lucir el moreno, aunque no hayas pasado de nuestro litoral (que por lo que yo sé es el más apetecido del mundo y, sobre todo, de Europa) que viene a ser un poco como decir que la cosa no está para grandes aventuras, que se intuye en economía que vienen mal dadas y que conviene ser comedidos en gastos superfluos. He oído a alguien decir que este año la iba a recortar sin más argumento que ese rumor de restricciones.

"Nos somos pobres y no podemos andar de vacaciones", sé de uno que decía, y ahora sus herederos podrán a su memoria disfrutarlas muchos años si se organizan tal cual. Claro que, como dice mi amigo Diego Muñoz: "Para presumir de pobres, tampoco hace falta tener mucho dinero". Pero para llegar a tenerlo también parece ser que hay que vivir mucho tiempo a lo pobre, de modo que no sabe uno dónde está el término medio que coincida con la virtud en este caso.

Lo cierto es que, aunque como digo al principio, hay muchos establecimientos cerrados, los grandes no lo están y menos en nuestro sector. Hay, que yo sepa, algunas tiendas, más bien pequeñas, y muchos talleres. Claro que es un dilema que cada cual resolverá a su criterio, pero quiero recordar aquí, como era mi intención desde que he empezado a escribir, lo que me respondió un comerciante cuando hace ya muchos años, le planteé la cuestión por estas fechas:

-¿Qué pasa? ¿Tú no cierras en agosto? Tu vecino ya tiene cerrado.
-Sí, ese cerró hace dos días y yo he empezado ayer las rebajas.
-¿Cómo rebajas?,-volví a preguntar, ¿Vas a poner reclamos como los grandes almacenes en enero?
-No, pero yo conozco bien a mis clientes y sé a quienes tengo que hacer descuento de verano, -me dijo casi al oído, como pidiéndome discreción en la confidencia. Lo cual así he mantenido sin comentar nunca sus nombres, porque ambos siguen siendo amigos míos y la verdad es que a los dos les ha ido bien. El segundo le quitaba los clientes al primero y al primero que le quiten lo bailado. Así que seguimos como antes, sin saber si cerrar o no por vacaciones.

Vindemial Aldea

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