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La maleta

Se percibe la sensación de que las repercusiones del 11 de septiembre, son como una mancha que se va extendiendo y afectando en su expansión a muchas más cosas de las que se nos ocurrió pensar en el primer momento que también iban a resultar afectadas.
El 30% menos de consumo de combustible en aviación, que se ha publicado en algunos medios, ¿A cuántas cuentas de resultados afectará? Los despidos de tantos empleados de compañías aéreas ¿cuántas neveras dejará medio vacías? Las agencias de viajes que ofrecen viajes a Nueva York a mitad de precio y apenas los venden ¿cuánto dejarán de ingresar?

Y además de esta crisis centrada en la aviación y el turismo, el sector del automóvil en España será el más afectado entre los 600.000 trabajadores que, según ABC del 28 de Octubre pasado, pondrán en la calle las multinacionales. Con lo cuál nos veremos más directamente involucrados los lectores de esta revista. Aunque a los vendedores de recambios nos quede el recurso de que vendemos mejor cuando el parque envejece que cuando se renueva.

Y no es todo la repercusión económica, hay que añadir la psicosis de prevención de más atentados, con una atención tal a la vigilancia por doquier que provoca tensiones y retrasos constantes. En el reciente viaje a Equip'Auto de París, me contaba mi hijo Roberto que le abrieron el maletín en Barajas, en París y al entrar en la feria, y supongo que algo parecido podrán contar tantos otros que fueron también o se ven en la necesidad de viajar en este tiempo.

Y digo en este tiempo, porque vendrá otro en el que la fuerza de la costumbre hará que se vaya bajando la guardia y nos quedarán los recuerdos de ahora, como nos quedan los de una época pretérita que, aún sin ser igual, en algo fue parecida.

Allá por el principio de los 60, cuando en este país apenas se conocía la palabra terrorismo, hubo unos aprendices que dejaron unas cuantas maletas en distintas consignas de estaciones con bombas de relojería, que provocaron además de titulares de prensa para una temporada, un exceso de celo en las fuerzas de seguridad que convertían en sospechosas hasta las alforjas del mielero.

Por aquellas fechas iba yo un día desde Artesa de Segre a Solsona con mi maleta y mi cartera de viajante en el coche de línea, y como quiera que tenía que volver en el mismo coche por la tarde para enlazar con otro que me llevara a Balaguer, le pedí al cobrador que me permitiese dejar la maleta en el pasillo para no andar pidiendo el favor en un bar desconocido.

Visitando a los pocos talleres que había en Solsona (ya andaba yo por entonces en esto del automóvil) tuve necesidad, a media mañana, de ir a buscar unas muestras a la maleta, y me encontré con un remolino de gente alrededor de aquel autobús, que además estaba aparcado en medio de una plaza, y a un guardia civil que, con la ayuda del conductor y con muchísimo cuidado, bajaban mi maleta (que habían descubierto "abandonada") intentando alejarla del coche. Me acerqué, ante la mirada de tanto curioso para preguntar qué pasaba con mi maleta, y fue el guardia civil quien con cara de asombro me preguntó

-¿Es suya?

-Sí señor, además está identificada con la tarjeta que lleva prendida.

-A ver, su carnet de identidad-. Y mientras comprobaba la coincidencia de los datos se iba estrechando el círculo de mirones, al tiempo que me ordenaba que la abriera.

Lo primero que había encima de la ropa era una carpeta cuya portada anunciaba su contenido "hojas de información". Las primeras hojas hablaban de la resistencia del bisulfuro de molibdeno a altas temperaturas, que se refería a un producto llamado molicote y que vendíamos en Carlen, y creo recordar que servía, como el grafito coloidal, para facilitar el desprendimiento de la fundición en las coquillas o moldes, además de componente de algunos aditivos para lubricante.

Justificar la oferta de tales productos en aquella ciudad (preciosa por cierto) y en aquellos días así como el "abandono" de la maleta fue bien laborioso, y aunque se redujo a un interrogatorio correctísimo, mi cara de sospechoso ante el grupo de curiosos sólo desapareció cuando llegó el cobrador y aclaró que él si me conocía y sabía porqué estaba allí mi maleta.

Así que si por unos petarditos de nada se montó semejante control, que nadie se extrañe de que lo registren ahora. Pero pasará, lo contaremos y seguiremos funcionando.

Vindemial Aldea

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