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Del viejo, el consejo

Decía Don Vicente Sáez Parra, que fue un recambista muy popular en Valladolid (y ya estoy empezando por Valladolid, como terminé el mes pasado, porque precisamente aquel comentario me trajo este recuerdo): "que no ha habido juventud como la de antes ni viejos como los de ahora". Don Vicente, para ser más exactos, no fue un puro recambista, sino un pionero de los especialistas en rodamientos, ejemplo que después siguieron muchos, y yo mismo, aunque a mí me diera por los filtros, que ya andaba por entonces entre ellos. Lo hice porque además de admirarle, oí con atención sus buenos consejos a lo largo de muchos cafés en Molinero, una cafetería que estaba muy cerca de su tienda.
Aprovechar la experiencia de los que van delante siempre ha sido buena norma, como reza mi título de hoy y como dice Eusebio Pueyo, presidente jubilado de PBR:"los hombres envejecen pero conservan el talento".

Tendrá que ser así, pero a mí me duele que se pierda tanta capacidad de creación con tanta jubilación anticipada, cuando se alarga de tal manera la esperanza media de vida y se pronostica que para el año 2050 habrá más de 2.000 millones de ancianos en el mundo. Claro, que personalmente a mí, no debería de preocuparme ese problema.

El consejo sensato de los mayores ha de ser buena base para el desarrollo de nuestros proyectos. Ellos no pueden volver a la juventud, pero los jóvenes sí pueden y deben valerse de su experiencia, siempre que, como digo, se trate de consejos sensatos y verosímiles y no de batallitas repetidas y chocheos, que a eso, también somos muy dados los mayores.

En cierta ocasión, estábamos cuatro amigos charlando en una taberna de un pueblecito castellano, mientras que un paisano, mucho mayor que nosotros, nos observaba cada vez más cerca, con esa curiosidad de algunos hombres rurales que, ávidos de conocer al forastero, buscan sin reparos el acercamiento hasta conseguir el cruce de las primeras palabras. Cuando logró su objetivo, y en los primeros momentos de su integración al grupo, le pregunté en el tono que yo entendía que requerían las circunstancias.
"¿Cuántos años "tie" el amigo?". Y echando la cabeza para atrás, sin sacar las manos de los bolsillos mientras alzaba sus talones para verme dos centímetros más arriba subrayó: "Setenta y cinco".

"Se conserva usted muy bien, se ve que ha trabajado poco", le dije, y ya no me dejó hablar más. Nos contó todo lo que había madrugado, arado y segado sin descanso y fue poniendo además por testigos a cuantos paisanos miraban al corro, hasta que pudimos despedirnos amablemente sin que consiguiera terminar su historia. A estos, quererlos sí, y escucharlos, pero de sus consejos.......

Los mayores deben de ser y serán muy útiles mientras mantengan la lucidez de aportar su sabiduría a las siguientes generaciones, lo malo es cuando la pierden sin advertirlo y aparece en ellos, como en los borrachos, la negación de la evidencia. Ahí puede que esté en cada uno la culminación de su vejez, cuando se niega a reconocerla. A Jesús García, del Real de San Vicente, cuando ya estaba verdaderamente caduco, le pregunté: "¿Qué tal estás Jesús?".Y con voz débil y temblorosa acompañada de sus síntomas de parkinson me respondió: "El caso es que yo estoy bien pero "dende" que cumplí 90 años, estoy peor".

"Lo importante no es vivir, sino la capacidad de recordar" dice Vicenta la madre de mi amigo Julián Mendieta. Y es que del archivo bien organizado de una memoria adulta se puede aprender tanto ...!

Total, que también yo prefiero hacerme viejo, y seguir dando consejos, a pasar por la alternativa.

Vindemial Aldea

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