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Vida
ancha
Centrado
en todas las recomendaciones que, severamente, le acababa de hacer
el doctor, preguntó al salir de la consulta: “Doctor,
y si dejo de hacer todo lo que me ha dicho que no debo, ¿tendré
una vida muy larga?”
–
La verdad es que de eso no estoy seguro, pero, por lo menos, se
le va a hacer.
Y es que a partir de ciertas edades, según todos mis amigos
que andan ya más o menos por donde yo, sabemos que cada visita
al médico lo mejor que te puede pasar es que no te prohíba
nada. Aquí últimamente, todo se arregla bebiendo mucha
agua y andando sin parar. Pero hombre, si a mí lo que me
gusta es beber vino sentado y algunas cosas contra las que también
me advierten, ¡cómo nos vamos a poner de acuerdo! Así
me los cruzo yo en zapatillas deportivas por la calle a paso, casi
marcial, jadeantes, con la mirada fija al frente, como novicios
bien instruidos para no distraerla de forma pecaminosa, con la ilusión,
digo yo, de alargar un poco la vida y ahorrar, que tampoco vendrá
mal al fin. ¡ Qué obsesión!.
Por
eso me gustó tanto la frase de Marino Méndez en la
cena que ANCERA organizó tan bien para celebrar su veinticinco
aniversario la noche de San Cristóbal, donde se le homenajeó
por su reciente jubilación y en una brillante intervención
dijo que, a partir de ahora, más que una vida larga iba a
procurar tener una vida ancha. Es decir, una vida plena, una vida
útil, como también pretendemos otros; y sobre todo
una vida útil a los demás, que para eso siempre valemos,
no una vida larga para verla pasar. Muy bien Marino, reforzaste
mi concepto de jubilado. Será como te propones porque el
entusiasmo también creo que dura toda la vida.
La
noche del 10 de Julio en el Chalet Social de RACE fue realmente
extraordinaria; es muy difícil encontrar a tantos y tan buenos
amigos juntos en un ambiente tan agradable; el lugar y la noche
no podrían ser más acordes.
Me
faltó ocasión para estrechar las manos de algunos
que sólo pude ver de lejos en tan nutrido grupo (cerca de
doscientos), además de los representados que justificaron
su ausencia, como Julián Parga que, desde Lugo, nos envió
una entrañable carta llena de sabiduría y nostalgia
y que Valentín leyó ante el micrófono consiguiendo
la atención que bien merecía. Nos daba cuenta en ella
de las inquietudes que compartió con conocidísimos
colegas como Jesús Belloc, Paco Quintana, Pepe Zamarrón
e Ignacio Echeverría además de Valentín, hace
veinticinco años para agruparse y constituir ANCERA aunque
lamentaba no recordar a otros porque "el disco duro de su cerebro
afectado por el virus de juventud acumulada se empeña en
traicionarme". Julián es un hombre de exquisita educación
y amplia cultura, un erudito en la historia de su ciudad que tuvo
la atención de ofrecerse de guía en cierta ocasión
y aprendí de Lugo lo que no había sabido ver en tantos
años yendo solo a trabajar. Así, esa definición
de la edad como juventud acumulada me parece de lo mas genial y
viene a coincidir un poco con la idea del principio: vivir mucho
sí, pero siendo joven, pensando en joven, creando siempre;
mejor que privarse de casi todo por alargar esto un poco.
No
hace mucho que apareció la noticia de un paisano que por
haber alcanzado los 102 años de vida le homenajearon con
una fiesta en la que, además de sus descendientes y los vecinos
de su pueblo asistieron algunos medios de comunicación. Esperar
sabias respuestas de una pavesita así, no es muy lógico,
pero no obstante como algo había que preguntarle, un periodista
le dijo:
-¿Cómo
vivió usted su juventud? Supongo que de una forma muy ordenada
para alcanzar una vida tan larga...
- Mire usted – le respondió- si yo llego a saber que
iba a durar tantos años me hubiera cuidado mejor.
Había
tenido una vida realmente larga pero nos hace falta saber si había
sido también ancha.
Vindemial
Aldea
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